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sábado, 29 de octubre de 2022

El humor en la ciberseguridad



La concienciación en ciberseguridad es uno de los factores más importantes para reducir los riesgos en las empresas. Como decía en "Ciberseguridad para directivos" hay estudios que establecen que entre uno y dos de cada tres incidentes son causados por insiders. Un estudio reciente de IBM eleva esta cifra hasta el 95%, sumando los casos de intencionalidad y de negligencia.

Todo lo que se haga para mejorar la concienciación y establecer una cultura de seguridad, pero también de ética y compromiso social ayuda a reducir este factor de riesgo. A veces lo difícil es llegar a la gente para inducir un cambio en los comportamientos y en la percepción de los riesgos. Ian Murphy, fundadorde Cyberoff, ha trabajado mucho esta vertiente, encontrando un vehículo inusual: el humor. Este artículo publicado en ThinkBig, resume su enfoque y da algunos ejemplos de su trabajo. La versión en inglés está en LinkedIn

martes, 11 de octubre de 2022

"Ciberseguridad para directivos" entre los más vendidos de Amazon en la categoría de "Seguridad Informática..."

 


Aunque este ranking es muy volátil y se actualiza casi en tiempo real, el pasado 10 de octubre "Ciberseguridad para directivos", publicado por LID Editorial, alcanzó de nuevo el TOP TEN en su categoría dentro de la tienda de Amazon. Esto es un indicador de la creciente preocupación de los directivos por la ciberseguridad. Este es el enlace  para comprarlo. 

En cuanto a la versión eBook, el viernes 7 de octubre estaba en la quinta posición de la categoría, probablemente la versión más cómoda para leer desde fuera de España. El contenido, aunque está publicado sólo en español, es muy aplicable a la problemática de ciberseguridad en cualquier geografía.





domingo, 1 de noviembre de 2020

Diario de la pandemia


En estos últimos meses, con el volumen de trabajo relacionado con el lanzamiento de Telefónica Tech, sumado a los meses de confinamiento y a otros proyectos editoriales, me quitó tiempo para mantener actualizado el blog.

Aún así, he seguido publicando algunos posts en otros medios sobre temas de actualidad. Por supuesto muy ligados a la pandemia y a sus efectos sobre la economía y las tendencias tecnológicas. Ya con un poco de perspectiva, se me ocurrió hacer este pequeño resumen de cómo en muy poco tiempo han ido cambiando las prioridades y la visión del mundo, desde el punto de vista de la industria tecnológica en España.

A finales de febrero de este año, empezábamos a estar preocupados por la evolución de ese misterioso virus que venía la lejana China. Ya sabíamos que se había producido un error garrafal en la detección y en los procedimientos de alerta temprana en las primeras regiones afectadas del coloso asiático e intentaba reflejarlo en este artículo publicado en Think Big Empresas "El coronavirus y la importancia de una estrategia nacional de datos".  En ese momento, sabíamos que las regiones españolas disponían de excelentes sistemas de notificación (que funcionaron desde el primer día), pero que la falta de una "estrategia nacional", podía generar muchos problemas. 

Después del 8 de marzo, ya estábamos en plena pandemia. Las diferentes regiones comenzaron a tomar medidas de restricción de actividades y movilidad, y las empresas empezaron a adaptarse rápidamente a la nueva realidad, aplicando rápidamente procedimientos de contingencia y volcándose al teletrabajo. Mientras algunas actividades se reducían al mínimo (como la hostelería o el turismo), otras veían una explosión de demanda como la sanidad, la logística o las telecomunicaciones.

En la unidad de ciberseguridad de Telefónica España atendimos rápidamente la demanda de los clientes que demandaban soluciones para los nuevos "puestos de trabajo remotos", pero nos preocupaba mucho el efecto es nuestros clientes más pequeños (el 99% de las empresas y el 72% del empleo en España). El 27 de marzo continuábamos con nuestra campaña de concienciación que ya habíamos comenzado con el lanzamiento de nuestro servicio de seguridad para Pymes, Conexión Segura Empresas, durante 2019. Así surgieron los "siete mitos de la ciberseguridad en empresas", publicado en la revista de la Asociación Española de Directivos.

Mientras todo el equipo que colaboraba en la constitución de Telefónica Tech se adaptaba a trabajar en forma virtual sin que el proyecto se detuviese en ningún momento (!), durante esas primeras semanas de restricciones estábamos muy atentos tanto a las estadísticas sanitarias como a las estadísticas que medían la seguridad de nuestros clientes.  

El tráfico de Internet se había multiplicado, las redes soportaban bien el peso de la nueva demanda (fruto de las inversiones y la buena planificación de los años anteriores), pero sospechábamos que las mafias del cibercrimen y los oportunistas de siempre aprovecharían para sacar tajada. Así era, y empezamos la proliferación de viejas y nuevas amenazas dirigidas, no a los gigantes bien reforzados, sino a las Pymes.

Con la comunicación tradicional limitada (por la imposibilidad de eventos y acciones a través de nuestra fuerza de ventas), nuestro equipo de Comunicación tuvo la idea de establecer un vínculo nuevo con los clientes y se enviar un newsletter que nos permitiera advertirles de las nuevas amenazas que circulaban, además de otras recomendaciones para adaptarse a la crisis. 

Nuestros socios McAfee y Allot, proveedores tecnológicos de Conexión Segura colaboraron en todo con la idea, que luego resumimos en este este artículo, "La ciberseguridad se se ceba con las Pymes durante el Estado de Alarma", donde detallábamos los principales hallazgos de nuestros sistemas de detección. Y cuando estábamos en plena desescalada, nuestro equipo de Redes Sociales nos propuso hacer un video, que sintetizara las "Consecuencias del COVID-19 en la ciberseguridad".


Durante esos meses de crisis, la transformación digital de las Pymes se aceleró en un orden de magnitud. Emilio Gayo, Presidente de Telefónica de España, estima que quizás se hizo en unos meses lo que en circunstancias normales hubiese llevado dos o tres años. Ya habíamos tenido un indicio de la fuerte aceleración de la digitalización de las Pymes en 2019, cuando las ventas de Conexión Segura Empresas habían desbordado todas las previsiones y la demanda de nuestro producto convergente Fusión Empresas continuaba muy firme. La pandemia sólo aceleraba el proceso.

Debido a esto, empezamos a re-evaluar nuestros planes. Había que anticiparnos e incrementar los recursos de infraestructura necesaria para proteger las comunicaciones y los puestos de trabajo de las pequeñas empresas (no nos iban a pillar sin el suficiente material de protección), cada vez más digitales y dependientes de las redes.  

Trabajando en conjunto otra vez con Allot y McAfee, y nuestro equipo de Desarrollo de Servicios y Planificación de Red, en julio llegamos a un acuerdo para extender el servicio de Conexión Segura Empresas y duplicar su capacidad, lo que se reflejó en noticias aparecidas en algunos medios y esta nota de prensa el 21 de septiembre, "TELEFÓNICA DUPLICA LA CAPACIDAD DE SU SERVICIO CONEXIÓN SEGURA EMPRESAS PARA PROTEGER A LAS PYMES ESPAÑOLAS"

El proyecto de Telefónica Tech, a pesar del complejo proceso de pulir todos los detalles, donde participaron decenas de personas de diversas áreas, avanzaba rápidamente, a pesar de que no teníamos reuniones presenciales desde la primera semana de marzo. El 25 de agosto se anunciaba ya la compra de Govertis, ("Telefónica Tech refuerza sus capacidades en consultoría de ciberseguridad con la compra de Govertis") y el 7 de septiembre la adquisición de ihackLabs ("Telefónica compra la sociedad de formación en ciberseguridad iHacklabs").

Pasados los meses que vivimos en estado de emergencia, llegaba el momento de pensar a más largo plazo, en las transformaciones que viviría el tejido social y empresarial durante lo que durase la pandemia (todavía no lo sabemos) y la pospandemia. Por eso me ofrecí a asistir, ante la invitación del equipo de Redes Sociales de Telefónica, al evento nacional de industria digital: DigitalES 2020. 

Fueron tres días (entre el 8 y 10 de septiembre) de sesiones online en los que participaron los principales líderes empresariales y políticos con responsabilidades en la materia. De allí, salieron dos posts para ThinkBig Empresas. "DigitalES Summit 2020: el futuro está en nuestras manos" donde intento describir la enorme oportunidad que se abre para España, de capitalizar su experiencia explotando al máximo infraestructuras, plataformas logísticas y contenidos digitales (el Reino Unido tuvo una ventaja similar al final de la IIGM, pero la desaprovechó).

Pero también, "El rol de las pymes en la recuperación económica". La enorme importancia que todos los ponentes del evento dieron al segmento de las Pymes, les hizo a los editores pensar que había suficiente contenido para un post separado, en el cual intento reflejar las políticas aCo nivel europeo y nacional que se vislumbrar para ayudar a la transformación de este sector fundamental.

En ese contexto de mirar al futuro, en estos últimos meses, Telefónica produjo también un hecho trascendente: el encendido de la red 5G. La difusión de esta tecnología va a ser uno de los principales desafíos para la industria tecnológica, tanto para el desarrollo de sus diferentes aplicaciones, como para los aspectos de gestión y seguridad. Nunca habrán existido tantos dispositivos conectados a distancia, a velocidades de tiempo real.

Debido a esto, gracias a la invitación de nuestra línea de negocios de Defensa y Seguridad Nacional, decidí asistir al evento de la Fundación Círculo de Tecnología para la Defensa y la Seguridad, con el objeto de revisar el estado del artes desde los puntos de vista de la regulación, los estándares y la tecnología. Como al final de la Edad Media, al final de otra terrible pandemia, tenemos que estar preparados para un cambio de paradigma fundamental en la seguridad...esta vez de la información.

En definitiva, ha sido un año profesionalmente desafiante, con situaciones impredecibles hasta hace poco, pero también donde se han podido recoger la cosecha de siembras pasadas. Un año de continuo aprendizaje y de pensar en el futuro.

Cuando ya estamos inmersos en esta segunda ola de la pandemia, intentaré actualizar el blog más seguido y hacer un poco de cronista que de cómo nos vamos adaptando y van ocurriendo las transformaciones que prevemos en los próximos años (meses). Todo cambia muy rápidamente.

El 2 de junio había hecho un ejercicio de proyección (Las pandemias de 2020, 2032 y 2042: la historia se repite pero nos deja lecciones), para intentar ver lo que habíamos aprendido de cara las próximas pandemias (que ocurren cada 10 años, con mayor o menor gravedad). Sin embargo, algunas administraciones ya se han dado cuenta de que hay combatir enfermedades del siglo XXI con tecnología del siglo XXI y no del siglo XII, así que veremos avances mucho más rápido de lo que pensaba.






viernes, 28 de octubre de 2016

Ciberseguridad para PYMES en España

Recientemente participé en una serie de focus groups, donde discutimos acerca de experiencia y expectativas de las PYMEs españolas respecto de la ciberseguridad. Los grupos se reunieron en Madrid y Barcelona, perteneciendo a muy diferentes sectores y tamaños de empresa.

Me sorprendió descubrir que el grado de concienciación en ciberseguridad de las pymes es mucho más alto del que esperábamos. Un resumen de las conclusiones que obtuvimos aparece en esta nota publicada ayer en el Blog "Con tu negocio".

También me hicieron este breve reportaje sobre la contribución de los servicios de Seguridad de Telefónica en la transformación digital de las empresas.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Ciberseguridad, la protección de la información en un mundo digital (Fundación Telefónica)

 
Los colegas de la Fundación Telefónica desarrollaron este muy completo informe titulado “Ciberseguridad, la protección de la información en un mundo digital”. En este artículo publicado hoy en el blog "Aun clic de las TIC", resumo sus principales hallazgos y conclusiones, así como se indican los links para descargarlo.

Post: http://aunclicdelastic.blogthinkbig.com/seguridad-por-defecto-clave-en-la-era-digital/

viernes, 4 de marzo de 2016

Como manejar la complejidad en Ciberseguridad

Esta semana leíamos la nota de Dan Raywood en Infosecurity, citando la intervención de Martin Roesch, VP de Arquitecturas Cisco Business Security, que decía algo así: "la complejidad es un problema real que debe ser tratado y mientras nos quejamos sobre él, nadie hace nada acerca de ello".

Efectivamente, Roesch advierte sobre la tendencia creciente de la industria de ciberseguridad a crear capa sobre capa de tecnologías de "propósito específico", para resolver un determinado tipo de vulnerabilidad o amenaza, generando una "proliferación de cajas".  Esto trae como consecuencia un notable aumento de la complejidad en la gestión y mantenimiento de estas "nuevas cajas", así como del análisis y explotación de la información que generan. En definitiva, cree que la industria ha caído en la "trampa de la complejidad".

Este concepto ya había sido definido por Tom Peters muchos años atrás, en 1987, en este brillante artículo.  Y hace referencia a la tendencia de la industria occidental (particularmente de la americana) a privilegiar las soluciones complejas, caras, de largas fases de investigación y desarrollo de laboratorio, en lugar de soluciones simples, evolutivas, de bajo coste.  

Este modelo de seguridad "en capas" condena a las empresas y Administraciones Públicas (sobre todo a las infraestructuras críticas) a arrastrar una gran ineficiencia en sus operaciones de TI, obligando a manejar múltiples consolas que requieren de personal especializado, multiplicar infraestructuras de alojamiento y proceso de datos, y disponer de múltiples servicios de mantenimiento y reparación. 

Pero también es una forma de dilapidar los valiosos "recursos naturales" de la industria de ciberseguridad, en la figura de ingenieros, técnicos y programadores, que duplican esfuerzos en solucionar problemas que afectan pequeños "nichos" de pocos clientes con soluciones muy complejas.  Algo parecido a lo que ocurrió con la guerra acorazada en la II Guerra Mundial.

Tras la derrota de Francia por la Alemania Nazi en 1940 había quedado demostrado que la era de las trincheras estaba obsoleta y que la base de cualquier estrategia de guerra terrestre estaría basada en las fuerzas mecanizadas, particularmente de los vehículos blindados (tanques).   Desde entonces, todos los ejércitos se lanzaron a una carrera para mecanizar sus fuerzas.  En esta hubo dos enfoques muy diferenciados.

El Gobierno del III Reich contrató a los más prestigiosos diseñadores de automoción, los equipos de Ferdinand Porsche y Oscar Henschel, quienes desarrollaron los vehículos de nueva generación, cuya "obra maestra" se transformó en el tanque Tiger II.  Adicionalmente, diseñaron toda una línea de vehículos blindados que iba desde coches ligeramente acorazados, artillería autopropulsada de diverso calibre, tanques anfibios, cazatanques, tanques super-pesados (como el MAUS) y otros.



Tanque Elephant, una de las variantes de la línea Tiger, este diseñado por Ferdinand Porsche
Una división acorazada (Panzer) alemana típica, promediando el conflicto entre 1942 y 1945, llevaba una amplia colección de vehículos blindados para diferentes propósitos, con cañones y ametralladoras de distinto calibre, motores de diferente potencia y tecnología. Sin hablar de tripulaciones altamente especializadas, con largas horas de entrenamiento. Y debía transportar una gran cantidad de combustible, dado que estos vehículos pesados eran grandes consumidores.

En el otro extremo, el gran enemigo del ejército alemán, el Ejército Rojo aplicó una estrategia muy diferente. Seleccionó apenas dos diseños básicos de tanque: el T-34 y el KV-1, evolucionados de los  tanques ligeros utilizados (con muchos fallos) en la Guerra Civil Española, producidos por la fábrica Morozov de Kharkov y la antigua Putilov de Leningrado. En el diseño colaboraron activamente los propios veteranos de los combates.  

El sencillo KV-1

Se priorizó abiertamente la rapidez de la producción y la sencillez en la operación. Una división soviética típica tenía muchos más tanques que las alemanas y estos eran "todo terreno", capaces de operar en cualquier condición de suelo y clima, aunque mucho menos aptos para el combate mano a mano contra un vehículo enemigo similar. El personal necesario para operarlos se entrenaba en horas: los tanques podían salir ya tripulados de la fábrica, directamente al frente de combate, sin pasar por los campos de maniobras.

El resultado de estas dos estrategias se reflejó en el campo de batalla. Cada división alemana debía llevar un gran número de mecánicos entrenados y repuestos para cada vehículo. La sofisticada tecnología que utilizaban causaba frecuentes fallos y retrasaba la entrega de las unidades al frente.  Las fábricas alemanas tenían que disponer de líneas de montaje para unos 60 modelos de vehículos diferentes, no alcanzando ninguna una gran economía de escala. La producción de cada modelo podía alcanzar entre 25 y 100 unidades al mes. El coste de producción era alto, consumiendo mucho capital. Peters diría que la industria de automoción alemana había caído en la "trampa de la complejidad".

En cambio, las divisiones acorazadas del Ejército Rojo tenían siempre muchas más unidades disponibles.  Esta mecánica básica y simple facilitaba la gestión logística: los repuestos se podían intercambiar de unos vehículos a otros sin dificultad. Se llevó al límite la economía de escala y se optimizaron los procesos de producción con ayuda de ingenieros de la industria automotriz americana.  El coste de producción era muy inferior al de un tanque alemán, alcanzando una producción 4 veces superior a la del III Reich.

Aún así, cada unidad alemana era extremadamente eficiente en el combate uno-a-uno contra cualquier vehículo similar del adversario, en algunos casos alcanzando un número de victorias de 10 a 1.   Para compensar esta deficiencias, el Ejército Rojo desarrolló la llamada "doctrina operacional".  Esta determinaba que las unidades a nivel operacional debían disponer de todas las armas y servicios en forma autónoma (artillería, logística, servicios sanitarios, aviación, blindados), bajo el mismo mando operacional.  De esta forma, se garantizaba la total "integración" operativa, alcanzando una gran eficiencia en la gestión de los recursos, y los mandos operacionales tenían un gran "empowerment".

Esto permitía compensar las desventajas mano-a-mano con los alemanes con una mayor flexibilidad y movilidad de los recursos. Si los sofisticados tanques alemanes lograban una victoria local en una parte del frente, rápidamente los soviéticos eran capaces de desplazar tropas mecanizadas, tanques, artillería y bombarderos tácticos para cerrar las brechas y contenerlos. Y pasar rápidamente a la ofensiva en otros sectores.  Por contra, Hitler implementó un control estricto y centralizado del uso de sus carísimos recursos blindados, que prácticamente no podían usarse en ciertas cantidades sin su autorización directa.

Con esta combinación letal, al final, la mayor parte de los sofisticados y especializados blindados alemanes fueron destruidos...por sus propias tripulaciones, al quedarse rezagados por falta de repuestos o de combustible.   Las grandes batallas de tanques como la Operación Urano, la de Kursk o la Operación Bagration fueron grandes derrotas para la estrategia de la complejidad.

Un T-34 y un Panzer IV en el monumento a la batalla del paso de Duklass

En el largo plazo, la "trampa de la complejidad" costó muy caro a las tropas del III Reich (para ampliar el tema se puede leer el libro Richard Overy, ¿Por qué triunfaron los Aliados?). Una estrategia basada en la simplicidad de los medios, la integración de las capas de servicio y una cadena de mando ágil fue mucho más eficaz y eficiente.    

En el caso de la ciberseguridad, ¿Cómo enfrentarse a la "trampa de la complejidad"? Roesch recomienda a la industria buscar formas de integración,. estandarización o alianza entre diferentes fabricantes para reducir el número de capas y así disminuir las necesidades logísticas y de gestión (algo así como reducir el número de modelos de tanque). Es una forma de autoprotección porque el gasto en ciberseguridad está creciendo en los operadores de infraestructuras críticas, con el riesgo de hacerse insostenible.

Quizás, desde el punto de vista del usuario, se necesita formular una nueva "doctrina operacional" para la ciberseguridad. Así la industria se adaptará por si misma a las nuevas demandas de sus grandes clientes (empezando por los Gobiernos, las FF.AA. y de Seguridad, y las infraestructuras críticas) y tenderá a reducir su propia complejidad, a través de productos más integrados y "todo terreno". Esta nueva doctrina consistiría en:
  • Revisar el mapa de riesgos más probables y optimizar el número de capas, evitando superposiciones, en una nueva arquitectura de Seguridad, que no busque lo mejor ante cada amenaza independiente sino un "sistema" que funcione en su conjunto
  • Ganar economías de escala a través de centros de competencia compartidos (público-privados) para formar en forma homogénea a los profesionales en tecnologías básicas y normativa (no dejando esta formación en manos de la industria).  En esta dirección va la nueva normativa europea.
  • Finalmente, desarrollar un programa de respuesta ágil por los mandos "en el terreno" para atender cualquier situación inesperada y cerrar rápidamente las brechas que se puedan producir, compartiendo información (y eventualmente recursos) entre distintas organizaciones.

O, como dice Peters, quizás se trata sólo de "hacer ingeniería", definida como la "habilidad para hacer por $1 lo que un maldito tonto haría por $ 2".
























viernes, 12 de febrero de 2016

La ciberseguridad, factor clave para la supervivencia de las pymes (enlace)

El 4 de febrero se publicó esta primera colaboración con el portal "Con tu negocio", que provee contenido en español sobre tecnología y gestión a las PYMES.  Resumidamente, trataba de comentar la contribución que la industria de TI y de Ciberseguridad podría aportar a la supervivencia de las PYMES en España, sobre todo sus primeros momentos de existencia, que es cuando son más vulnerables.

Link al contenido en castellano: aquí.

Link to english version: here.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Aspectos morales de la seguridad y el proyecto Manhattan

(Versión en inglés aquí/nglish version here)

En una nota anterior hemos visto como la inversión que las grandes empresas y administraciones han dedicado a la ciberseguridad en los últimos años está empezando a dar frutos, dificultando el accionar de los delincuentes.  Adicionalmente, hemos visto, usando el ejemplo de los datos móviles, cómo podemos hacer un uso racional de estas medidas de seguridad, clasificando los datos por su sensibilidad y protegiendo los activos realmente críticos. Finalmente, vimos lo importante que es la concienciación de los empleados.

Ahora abordaremos uno de los aspectos más importantes pero incómodos de tratar en las organizaciones:  las amenazas internas a la Seguridad, provocadas generalmente por empleados infieles, asociaciones ilícitas entre empleados y terceras partes, y otras similares.  No nos referimos  a las amenazas causadas por empleados negligentes (que pueden llegar a ser más de la mitad) sino a aquellas que conllevan intencionalidad.

Estas amenazas no son nuevas, han existido siempre, pero en la medida en que la informatización llega actualmente a todos los puestos de trabajo, son un elemento fundamental en el diseño de cualquier estrategia de ciberseguridad. Quizás no sean las amenazas más numerosas, pero según un estudio de la OTA (Online Trust Alliance), un 29% de todas las fugas de información que se producen en las empresas se deben a negligencia o intencionalidad de los empleados.

Otro estudio contratado por el U.S. Department of Homeland Security, el CERT Insider Threat Center at Carnegie Mellon University’s Software Engineering Institute and the U.S. Secret Service, cifra en el 28% estas amenazas internas intencionales.  Pero lo peor, hay consenso en que son mucho más dañinas, y se descubrió que los "insiders" dentro de la industria financiera tardan ¡32 meses!, en promedio, en ser descubiertos.  Un 75% de los incidentes ni siquiera se denuncia, como se muestra en el siguiente cuadro.

Source: 2014 US State of Cybercrime Survey, CSO Magazine, U.S. Secret Service, Software Engineering Institute CERT Program at Carnegie Mellon University and Price Waterhouse Cooper, April 2014

El enfoque clásico para tratar esta amenaza en las organizaciones es replicar a nivel de sistemas las normas de control interno:  controles y niveles de acceso individualizado, segregación de funciones, auditoría de logs, controles múltiples de autorización.  Algunas organizaciones ponen énfasis también en el proceso de selección de los empleados, analizando sus antecedentes legales y familiares, aspectos psicológicos, valores, etc.

Por supuesto, todo esto es útil. Además, las empresas imponen normas internas muy rigurosas para sancionar faltas éticas, sobre todo aquellas organizaciones alcanzadas por la ley Sarbanes-Oxley en los EE.UU., las nuevas normas de Códigos de Conducta en Europa, leyes de Protección de Datos y otras normativas antifraude.  Pero ¿Cómo considerar el impacto de este factor humano en nuestra estrategia de Ciberseguridad? Mas allá, por supuesto, de la concienciación básica de todos los empleados.

Posiblemente, la mejor estrategia es introducir la ciberseguridad como uno de los valores reputacionales de la Compañía.  Las organizaciones buscan generalmente el compromiso de los empleados inculcando unos valores positivos, una misión y visión común: calidad de servicio, excelencia en la producción, atención esmerada.  La Ciberseguridad puede ser uno de ellos: la protección de la privacidad de nuestros clientes o proveedores, la defensa de la propiedad intelectual de nuestros creadores (en la empresa o en la Sociedad), la seguridad de nuestros ciudadanos o servicios públicos (en la Administración). Y, como se ve, no enfocado en los aspectos económicos sino en las consecuencias sobre terceros.

Los responsables de Ciberseguridad deberían intentar introducir estos aspectos, en todas las acciones motivacionales, de compromiso y en los "mission statement" de compañías cada vez más integradas en la economía digital, además de hacer campañas específicas. Y fomentar que se introduzca en el discurso de los directivos. No sólo es bueno para la reputación de la Compañía en el mundo digital, también es bueno para que los empleados lo asuman como un valor positivo, no sólo como un hecho punible si no se cumple un norma.

¿Qué ganamos con esto? Los "insiders" generalmente se autojustifican moralmente sacrificando un "bien menor" (la privacidad de datos de terceros, la propiedad de dinero de la compañía o del Estado) por un "bien mayor" (una necesidad familiar, una demanda social o política).  Se trata de aumentar el peso de lo que un potencial "insider" considera el "bien", haciéndoles conocer la consecuencia de sus actos en terceros, más que en cumplir una norma "porque si".
Esta estrategia no debe ser mininizada, es finalmente muy importante en nuestra planificación de Ciberseguridad: si lo hacemos bien la probabilidad de un "insider", dañino y de larga duración, será más escasa (nunca imposible).  La consecuencia de hacerlo mal puede ser grave, como le ocurrió al General Leslie Groves.

Posiblemente, no hubo jamás en la historia de Occidente (que conozcamos) una estrategia de Seguridad tan rigurosa como la del Proyecto Manhattan: nada menos que la producción de la primera bomba atómica.

El proyecto Manhattan era tan secreto que obligó a reinventar la Seguridad de la Información en los EE.UU. de la década del ´40.  Los orígenes del proyecto hay que rastrearlos hasta 1938 cuando los científicos alemanes consiguieron producir la primera fisión nuclear en un laboratorio.  Esto provocó un revuelo en la comunidad científica americana, que se dio cuenta que la Alemania estaba en el camino de producir una bomba atómica que, en términos teóricos, ya se conocía.

A partir de esto, los físicos Leo Szilard y Eugene Wigner convencieron a Albert Einstein en agosto de 1939 que enviara una carta (redactada por ellos) al Presidente Roosevelt advirtiendo de este peligro.  Roosevelt puso el tema en manos de sus asesores científicos y tras largas discusiones internas y el intercambio de información con los británicos (que tenían su propio proyecto), aprobó un programa nuclear en octubre de 1941, dirigido por un Comité Secreto que tenía solo 6 personas: él mismo, más el Vicepresidente Wallace, el Secretario de Guerra Stimson, el Jefe de EM del Ejército, Marshall, el Director de I+D de Defensa, Vannegar Bush y su subordinado, James B. Connant.

Mantener el secreto de las deliveraciones de un Comité tan pequeño y selecto era relativamente sencillo.  Durante casi un año, se trabajó en definir objetivos factibles, el diseño general de las tecnologías necesarias, en la planificación de su producción industrial y, muy importante, en determinar el presupuesto necesario.  Para junio de 1942 había un plan de proyecto consistente, que fue aprobado por el Presidente Roosevelt.

El paso siguiente era mucho más complejo. Había que ejecutar un proyecto que, a priori, involucraría a cientos de científicos de diversas ramas de la física, miles de ingenieros, técnicos y personal militar y decenas de miles de trabajadores. En el cómputo final, hubo 129,000 personas involucradas en las tareas de construcción de la infraestructura que permitiría construir la bomba y un gasto total de 2,000 millones de U$S.  Algo muy difícil de ocultar. Y el secreto era fundamental por dos razones: (1) no incentivar a los nazis a acelerar sus esfuerzos y (2) evitar que el enemigo accediera al conocimiento de tecnologías vitales para desarrollar el arma.

En septiembre de 1942, la dirección del proyecto fue asignada a un brillante Ingeniero Militar, Leslie Groves, famoso por haber liderado el proyecto de construcción del Pentágono en los años anteriores. Groves recibió un ascenso a General de Brigada y se le dieron amplios poderes para disponer de recursos financieros, firmar contratos, fichar y organizar personal esencial, diseñar procesos de trabajo y, establecer medidas de seguridad, para evitar cualquier filtración.

General Leslie Groves

Uno de los problemas más severos para la Seguridad que Groves debió enfrentar era la diversidad del equipo del proyecto y su falta de experiencia militar. Se reclutaron los mejores físicos nucleares de Universidades e instituciones de investigacion, gente no acostumbrada al secreto (más bien lo contrario) ni al cumplimiento de rígidos reglamentos y órdenes. Además, muchos de ellos eran exiliados europeos, víctimas del nazismo o el fascismo, como el italiano Enrico Fermi, el húngaro Leo Szilard, el danés Niels Bohr y muchos otros, sin nacionalidad americana.  Pero también ingenieros y técnicos civiles procedentes de la industria, secretarias, personal administrativo, de sanidad, etc. Hasta obreros de construcción.

Este era un contexto muy complejo para establecer medidas de Seguridad que, no obstante, era vital para el éxito.  Sobre todo porque ya se habían detectado redes de espías nazis e intentos de infiltración y sabotaje en instalaciones industriales norteamericanas. A continuación, resumiremos algunas de las políticas y procedimientos de Seguridad establecidos por Groves y su equipo:

  • Las instalaciones clave del proyecto se construyeron ad hoc en lugares aislados, lejos de las grandes ciudades (el desierto de Nuevo México, áreas rurales de Tenessee, etc). Gran parte del personal y sus familias tenía alojamientos allí.
  • Cada sitio tenía múltiples barreras perimetrales con altas alambradas de espino y controles de acceso ("checkpoints") en secuencia, vigilados las 24 horas por personal militar.
  • Cada trabajador debía pasar por un proceso de "security clearance" por el FBI descartando cualquier persona con antecedentes penales o lazos con el Eje
  • Todo el personal estaba identificado con una tarjeta de identificación con su foto, nombre y apellido y su nivel de autorización (una innovación para la época)
  • La identidad de la persona establecía un nivel de acceso a la información según un sencillo "código de colores"
    • Amarillo: acceso a las áreas técnicas pero no a información clasificada
    • Azul: nivel básico de información clasificada pero no acceso a áreas técnicas
    • Roja: nivel mayor de información clasificada a nivel de departamento
    • Blanca: acceso a información clasificada de los diferentes departamentos (sólo para directores y equipo científico clave)
  • La información fue "compartimentada" de tal forma que cada unidad no sabía lo que estaba haciendo otra y, muchas veces, tampoco comprendía la utilidad de su propio trabajo.  El único que tenía toda la visión completa era Groves y un pequeño equipo científico (liderado por el Director Técnico del Proyecto, Robert Oppenheimer)
  • Todo el correo entrante y saliente pasaba por la censura militar, que podía interrogar a cualquiera que introdujera algún elemento sospechoso (ciertas palabras estaban prohibidas, así como revelar ubicaciones)
  • Nadie podía viajar de una instalación a otra sin autorización del propio Groves
  • Todos los trabajadores debieron firmar un formulario con condiciones de confidencialidad, Ningún empleado podía hablar de su trabajo con otro sino sólo con su Supervisor.
  • Para evitar que nadie olvidara sus obligaciones, la Administración lanzó una gran campaña de concenciación de los trabajadores basada en la necesidad del secreto, indicando que incluso ciertos datos aparentemente inocentes podían ser utilizados por el enemigo 
Secrecy billboard from Los Alamos
Cartel de propaganda utilizando en las instalaciones del "Proyecto Manhattan"
  • Groves segregó las funciones de inteligencia, contrainteligencia y vigilancia en tres departamentos diferentes, con registros y archivos separados, que solo reportaban directamente a él.

    (Como se puede apreciar, muchos de estos conceptos se siguen aplicando en los procesos de seguridad de las organizaciones del siglo XXI. Todos los profesionales en Seguridad de la Información son, en cierta forma, tributarios del General Groves)
El proyecto Manhattan fue un éxito desde el punto de vista que consiguió el objetivo que se había planteado: construir la bomba antes que los nazis.  Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos, desde el punto de vista de la seguridad fue un fracaso rotundo. Mucho antes de lanzar la bomba la información confidencial del proyecto, sin que Groves lo supiera, ya había sido filtrada a otro Estado: la Unión Soviética.

Roosevelt había aceptado compartir (parcialmente) su secreto atómico con los británicos. Pero no lo hizo con su aliado soviético, de quien desconfiaba. Sabía que la URSS y los EEUU emergerían como las Superpotencias de la posguerra y quería conservar una carta ganadora. Mientras tanto compartía mucha otra información técnica con ellos (técnicas de producción, diseño de maquinarias, secretos energéticos, etc), pero no la bomba.

¿Qué había pasado? A pesar de todas las medidas legales, de seguridad y la campaña de divulgación ciertos "insiders" habían filtraron a los soviéticos información técnica muy relevante sobre el proyecto.

El más relevante era Klaus Fuchs, un destacado científico alemán exiliado en Gran Bretaña, que se incorporó al proyecto tras el acuerdo de colaboración con estos. Fuchs fue un miembro clave (tarjeta "blanca") en la elaboración del mecanismo de implosión de la bomba y era nada menos que el titular de la patente, junto con John Von Neumann, ¡ de la patente del detonador de la bomba !.  Pero Fuchs era también (lo había ocultado a los británicos) militante comunista en Alemania y estuvo pasando secretos a los soviéticos desde 1944.
Tarjeta de identificación "blanca" de Klaus Fuchs

Pero no lo más increíble es que no fue el único.  Otro físico, Theodore Hall, sumistró material secreto similar al de Fuchs.  Un ingeniero militar, David Greenglass, pasó secretos a través del matrimonio Rosenberg (ambos agentes del KGB).  Otros dos científicos de la planta de producción de agua pesada, el británico Alan Nunn May y el italiano Bruno Pontecorvo pasaron datos los soviéticos. May, incluso detalló lo aprendido en una entrevista con el propio Groves.  Según este informe del Departamento de Energía de los EE.UU. hay al menos otros 4 espías no identificados, sólo conocidos por sus claves de FOGEL/PERSEUS, MAR, ERIC y QUANTUM.

Por si fuera poco, en los años ´90 se publicaron las memorias del General Pavel Sudoplatov de la KGB.  En ellas afirma (sin pruebas documentales) que el propio Director Técnico, Robert Oppenheimer, y los destacados físicos Enrico Fermi, Niels Bohr y Leo Szilard eran espías soviéticos y que desde el primer momento estaban brindando información a los mismos.

¿Qué fue lo que falló? Una seguridad violada por tanta cantidad de "insiders" desde el "corazón" del proyecto hace pensar más en un factor moral que técnico (nadie pudo penetrar los secretos desde fuera).   Posiblemente, Groves falló en algo fundamental: dotar a su campaña de comunicación y a su propio "mission statement" de un mensaje capaz de generar escrúpulos morales a los potenciales "insiders".

El mensaje de Groves estaba basado en dos cosas: el respeto a las normas, el miedo a la sanción y el patriotismo.  Es normal: estaba acostumbrado a dirigirse a personal militar y americano. Pero no se percató de que su target efectivo estaba compuesto por científicos, muchos de ellos extranjeros, cuyas motivaciones no se basaban en el patriotismo ni en un "espíritu de cuerpo" militar. 

Los científicos, aunque odiaban a los nazis, no consideraban un "bien moral" preservar el secreto de un aliado, los soviéticos. O, aun más, consideraban a estos, como Fuchs, superiores moralmente.  Los agentes soviéticos, con mucha astucia, ayudaban a crear esta atmósfera transmitiendo a los espías que su fin era la "paz mundial".  En síntesis creaban un argumento moral inverso: valía la pena "romper las normas" (el bien menor) por el "paz mundial" (como bien mayor).

No sabemos que hubiese ocurrido si Groves hubiese ajustado bien su mensaje o hubiese sido más transparente en sus fines: una democracia global, basada en la ONU, que incluyera a la Unión Soviética, como quería Roosevelt. Quizás si la URSS no hubiese tenido acceso a los secretos de la bomba, la "glasnost" se hubiera dado 40 años antes de Gorvachev (fue lo que la élite soviética hizo cuando creyó que ya no poseía capacidad nuclear disuasoria por la IDE de Reagan). Pero lo que sabemos es que la consecuencia del trabajo de los "insiders" fue la "guerra fría", que destruiría miles de vidas en guerras satélite y llevaría a una carrera armamentística, que pondría al mundo al borde de la aniquilación.